25 de marzo de 2011

Santo

Como un cuarteto de cuerda de Shostakóvich, en la pequeña sala del Teatro Español hemos vibrado frente a 4 estupendos actores que han pintado magistralmente un relato vivo, un retablo (tríptico, mas bién) sobre el bien y el mal en una austera madera. Si normalmente el mal es mucho más espectacular en los medios, aquí hablamos del bien, pero no de ese bien tontorrón, melífluo y algodonado que a veces se nos vende. Aquí la cosa versa sobre el bien de entereza, de integridad, del que molesta, del que no se comprende, del incómodo, del que no se suele ver porque a fin de cuentas "todos somos mediocremente buenos o malos". En las 2 horas de obra hemos asistido a escenas de realismo mágico, de cruda realidad cercana, de pensamientos filosóficos, de la diferencia entre la existencia y la esencia. Difícil de explicar, esforzado de dramatizar, pero con un enorme peso reflexivo con el que sales de la pequeña sala. Un aplauso a Aitana Sánchez Gijón y a José Luis Esteban por su profundidad y a Ester Acebedo que junto a Borja Luna conforman el mobiliario humano y ambientación maestra de la obra. Recomendable